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Publicado: 06 de abril de 2016 Última Revisión: 09 de abril de 2017

¿Qué es el dolor ginecológico?

En muchas ocasiones limitamos nuestro conocimiento del dolor ginecológico a la sintomatología ligada a las menstruaciones, quizás por la periodicidad sistemática de la aparición de estas molestias.

El dolor ginecológico se manifiesta en diversas patologías siendo definido en ellas en un espectro amplio que va desde el dolor agudo, el dolor crónico, el dolor postoperatorio, dolor visceral, etc.

Las patologías ginecológicas más frecuentes que cursan con dolor son las siguientes:1

  • Dismenorrea: es el dolor que acompaña a la menstruación y se da con frecuencia en las adolescentes y mujeres jóvenes.  Se distinguen dos tipos básicos: 
    • Dismenorrea primaria o dolor pelviano, que es el que acompaña a la menstuación 
    • Dismenorrea  secundaria, que es el dolor pelviano asociado a una patología orgánica del área genital, tal como endometrosis, enfermedad inflamatoria pelviana, malformaciones congénitas o patología ovárica.
  • Endometriosis: es la multiplicación y crecimiento de células del tejido endometrial que han emigrado a una localización diferente de la cavidad uterina, lo que impide su descamación, como sucede en la matriz, y da lugar a la formación de tumoraciones endometriales dolorosas.
  • Enfermedad inflamatoria pelviana: puede ser debida a enfermedades de transmisión sexual y produce un dolor que puede ser muy intenso.
  • Miomatosis uterina: son tumoraciones en la capa muscular de la matriz. En su mayoría, no son dolorosas pero pueden presentar algún tipo de degeneración y provocar molestias.
  • Malformaciones congénitas que pueden ser origen de dolor.
  • Dolor de origen ovárico.
  • Dolor ginecológico posquirúrgico.

Uno de los motivos más frecuentes de consulta al ginecólogo es el dolor pélvico o el lumbosacro, cuyas características (intensidad, duración y localización) tienen grandes variaciones individuales. El dolor pélvico afecta más a las mujeres que a los hombres, ya que su organismo está sujeto a más cambios, como los cambios hormonales cíclicos, las alteraciones durante el embarazo, el estrés psicosocial, otras modificaciones durante y después del embarazo, y ajustes que ocurren durante la menopausia. 2

El dolor ginecológico puede clasificarse de varias maneras. Por un lado puede ser agudo o crónico, en función de su duración. Por lo general, un dolor agudo se relaciona con problemas de aparición brusca y que en muchas ocasiones requiere de intervención quirúrgica de urgencia, como el embarazo ectópico, la torsión ovárica, etc. El dolor crónico suele ir asociado a patologías que requieren de un tiempo para su instauración, como las adherencias, la endometriosis y los tumores.3-4

Por otro lado, el dolor puede clasificarse de acuerdo al ciclo ovárico, donde el dolor es de aparición periódica a lo largo del mes con fases de máxima intensidad. Este sería el caso de los dolores cíclicos, causados por los cambios hormonales que se producen durante el ciclo ovárico, como el dolor de la ovulación, dismenorrea (menstruación dolorosa) o síndrome premenstrual. Por el contrario, las causas de los dolores no cíclicos son prácticamente las mismas que las del dolor crónico, como las adherencias, enfermedad inflamatoria pélvica, congestión pelviana, endometriosis, complicaciones de miomas y tumoraciones ováricas.5,6

El dolor pélvico crónico es un dolor que dura más de 6 meses y generalmente no es cíclico.7 Suele darse en el 3,8% de las mujeres y se debe a alteraciones en la posición del útero, varices en las venas del útero o a la existencia de defectos en los ligamentos que sostienen el útero. Aun así, muchas mujeres con estos problemas no padecen de este cuadro doloroso. El problema del dolor pélvico crónico se produce cuando no se llega a identificar ninguna causa. En estos casos se emplean analgésicos, anestésicos locales, psicoterapia, psicofármacos o incluso algunos tipos de cirugías.

La dismenorrea es un dolor pélvico que supera a las molestias que habitualmente se dan durante la menstruación. Aproximadamente entre el 16 y el 91% de las mujeres en edad fértil padecen dismenorrea.8 Puede ser primaria o secundaria. La primaria se da en mujeres sin anomalías pélvicas en las que hay una gran producción de prostaglandinas, causantes de las contracciones uterinas que generarán el dolor. Su tratamiento suele basarse en el empleo de analgésicos como aquellos que inhiben las prostaglandinas (antiinflamatorios no esteroideos). La secundaria suele estar asociada a otras patologías, como la endometriosis, la enfermedad inflamatoria pélvica, los miomas, los pólipos, las malformaciones, y los quistes y tumores. Su tratamiento consiste en centrarse en la causa que lo provoque.9

La enfermedad inflamatoria pélvica se produce cuando microorganismos patógenos, habitualmente de transmisión sexual, atraviesan las barreras naturales de la vagina y el cuello del útero y llegan a la cavidad uterina.10 Allí producen endometritis (infección de endometrio), salpingitis (infección de trompas de Falopio) y abscesos tuvoováricos. Incluso pueden llegar a la cavidad abdominal produciendo pelviperitonitis. Sin embargo, algunos de estos patógenos pueden proceder de otras áreas adyacentes infectadas como el apéndice o el sistema urinario. El dolor que se produce como consecuencia de la enfermedad suele ser de intensidad variable y localizado bajo el vientre. Como cualquier infección, se suele tratar con antibióticos, antiinflamatorios y reposo, aunque en algunos casos se puede llegar a la cirugía como recurso extremo.

El síndrome premenstrual se caracteriza por la reaparición cíclica de una combinación de cambios físicos, psíquicos y de conducta que afectan a la mujer en una intensidad y duración suficientes como para alterar su vida cotidiana.11 Afecta al 30-40% de las mujeres en edad reproductiva.12 Estos cambios se producen en la segunda mitad de los ciclos menstruales, es decir, 14 días antes de la menstruación. Suele estar caracterizado por dolores abdominales y pélvicos, dolores de cabeza, dolores mamarios, entre otros síntomas físicos, y de alteración del comportamiento. Aunque no se ha establecido una explicación que aclare los síntomas que se producen, parece ser que la más importante sea un desequilibrio en los niveles hormonales. Además de los tratamientos basados en cambios en el estilo de vida, también se pueden emplear analgésicos e inhibidores de algunas de las hormonas que se producen en exceso.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Marián Carretero. Los AINE en el tratamiento del dolor ginecológico. Offarm 2003;22:151-3
  2. Tettambel MA. Using integrative therapies to treat women with chronic pelvic pain. J Am Osteopath Assoc. 2007;107(10 Suppl 6):ES17-20.
  3. Hewitt GD, Brown RT. Acute and chronic pelvic pain in female adolescents. Med Clin North Am. 2000;84(4):1009-25.
  4. Speiser P. Differential diagnosis of acute and chronic pelvic pain in women. Wien Med Wochenschr. 2001;151(21-23):565-7.
  5. Muse KN. Cyclic pelvic pain. Obstet Gynecol Clin North Am. 1990;17(2):427-40.
  6. Smith RP. Cyclic pelvic pain and dysmenorrhea. Obstet Gynecol Clin North Am. 1993;20(4):753-64.
  7. Howard FM. Chronic pelvic pain. Obstet Gynecol. 2003;101(3):594-611.
  8. Ju H, Jones M, Mishra G. The prevalence and risk factors of dysmenorrhea. Epidemiol Rev. 2014;36:104-13.
  9. Osayande AS, Mehulic S. Diagnosis and initial management of dysmenorrhea. Am Fam Physician. 2014;89(5):341-6.
  10. Mitchell C, Prabhu M. Pelvic inflammatory disease: current concepts in pathogenesis, diagnosis and treatment. Infect Dis Clin North Am. 2013;27(4):793-809.
  11. Allais G, Castagnoli Gabellari I, et al. Premenstrual syndrome and migraine. Neurol Sci. 2012;33 Suppl 1:S111-5.
  12. Baker LJ, O’Brien PM. Premenstrual syndrome (PMS): a peri-menopausal perspective. Maturitas. 2012;72(2):121-5.

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