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Publicado: 15 de junio de 2017 Última Revisión: 18 de septiembre de 2017

El dolor en la historia (I): Civilizaciones antiguas

La historia del dolor es tan antigua como la del hombre. El hombre primitivo sufría enfermedades y lesiones y las afrontaba con un componente religioso que se extendió hasta las proximidades del siglo XVIII. El dolor se entendió en algunas civilizaciones como un castigo divino y como tal se intentaba purgar, expulsar y eliminar con técnicas semiquirúrgicas y tratamientos herbales no menos dolorosos que la propia enfermedad.

La enfermedad y el dolor han acompañado al hombre a lo largo de toda su historia. Las habilidades para paliar el dolor, ahora llamadas anestesia y analgesia, son ciencias tan antiguas como la propia humanidad. Etimológicamente “pain”, en inglés, deriva de “poena” en latín, que significa “castigo” y “paciente” deriva del latín “patior”: el que aguanta o soporta sufrimiento o dolor.

Para los evolucionistas, la vida surgió en el mar, y después de formas muy primitivas (nucleoproteínas o acúmulos de protoplasma) y merced a profundas transformaciones filogenéticas (fisiológicas y anatómicas), pasaron a la tierra por los estuarios de los ríos. En este caso, el origen del dolor es más impreciso, aunque se piensa que ya existía en las fases más primitivas de la vida: en los océanos hace ya millones de años. Al establecerse la vida en la tierra y al surgir los primeros eslabones del hombre, aparece ciertamente el dolor como su compañero inseparable y se inicia, necesariamente, la lucha contra este molesto síntoma. Si atendemos a razonamientos expresados en la doctrina cristiana, después de la creación de Eva, que tuvo lugar a través de un acto necesariamente doloroso para el cual Adán fue sometido a un plácido sueño, ella misma y toda su descendencia fueron castigados con el dolor del parto. Siguiendo esta doctrina, el propio acto de nacer es un acto doloroso para ambas partes. 

El dolor en las civilizaciones antiguas:

  • Primitiva: El hombre primitivo creía que el dolor estaba localizado en el cuerpo y que lo causaban demonios, humores malignos o espíritus de muertos que entraban en el cuerpo a través de orificios. Por tanto, tapaban o sacaban por ellos a los espíritus malignos. El hombre del Neolítico hace más de 9.000 años atacaba el dolor desde el aspecto físico, con plantas, sangre de animales, así como frío y calor. Desde el punto de vista psíquico mediante ritos mágicos, hechizos y comunicación con dioses.
  • Sumeria: Los sumerios, en el año 4000 a.C., empleaban el hulgil o planta de la alegría, como llamaban a la adormidera. Esta es la primera referencia histórica que poseemos del uso de opio.
  • Periodo mesopotámico: Unos 3.000 años a.C. en la civilización mesopotámica (actualmente Iraq) denominaban “Asu” a su “médico” encargado de realizar exorcismos para aliviar el dolor. Decían oraciones para conseguir el perdón de los dioses, a la vez que empezaban a utilizar hojas de mirto. Hoy en día, se tiene conocimiento de sus propiedades analgésicas por contener precursores del ácido acetilsalicílico. El dolor se consideraba un castigo divino. Los tratamientos médico-quirúrgicos y honorarios médicos estaban regidos por el Código de Hammurabi.
  • Siria: Los sirios realizaban circuncisiones con una “peculiar técnica anestésica” consistente en la compresión bilateral de las arterias carótidas a nivel del cuello para producir una isquemia cerebral y la aparición de un estado comatoso (pérdida de consciencia) lo cual era aprovechado para la cirugía y alivio del dolor.
  • Antiguo Egipto: El dolor era percibido para esta sociedad como un castigo de los dioses Sekhament y Seth. Consideraban el orificio nasal izquierdo y los oídos como las vías de entrada de la enfermedad y de la muerte, con lo que el tratamiento obvio era purgar dicho “dolor” a través de esas vías. No obstante, existen pruebas donde reflejan el uso de plantas para la curación del “mal”, el Papiro de Ebers (1550 a.C.), describe con gran detalle el empleo del opio como tratamiento para las cefaleas del dios Ra. Las civilizaciones del antiguo Egipto (1000-1500 a.C.) comenzaron a usar narcóticos vegetales, como adormidera, mandrágora y el cannabis (hachís) (Papiro de Hearst) que se cultivaban en India y Persia. Administraban a sus hijos adormidera mezclada con una pasta de insectos y cebada para poder dormir durante la noche. Esta “mágica” planta, paradójicamente es hoy en día bien reconocida hasta por los más jóvenes seguidores de la saga de “Harry Potter”.
  • Indígenas americanos: Durante los años 400-700 a.C. los incas peruanos tenían la creencia de que la hoja de coca representaba un regalo de Manco Capac, hijo del dios del Sol, en compensación por todo el sufrimiento humano. Este regalo producía “satisfacción al hambriento, vigor al cansado y olvido de las miserias al desdichado”. Empaquetaban las hojas en forma de bola llamada “cocada”. Las cocadas eran vertidas sobre la herida quirúrgica, mezcladas con cal o ceniza y saliva del cirujano, para producir analgesia. Podríamos considerarlo como el principio de la “anestesia local”, llegando incluso a realizar trepanaciones con esta primitiva técnica. En toda Sudamérica existían tribus, en su mayoría nómadas, donde la coca estaba muy difundida. Las características fundamentales de su medicina fueron las de todos los pueblos primitivos, entre mágica y empírica. El hechicero jugaba un papel básico al aplacar los espíritus.
    • Entre los matacos (Argentina), por ejemplo, para ser curandero, hechicero, hombre médico, era necesario ser viejo y feo.
    • Entre los pampas, los que tenían condición de afeminados, se les iniciaba desde niños en las prácticas curandiles, porque los creían poseídos por los demonios.
    • Los patagones y guaraníes (Paraguay) usaban hierbas curativas, flebotomías y sangrías. Para disminuir el dolor, efectuaban la operación denominada “catatun”, que consistía en tomar entre dos dedos la parte saliente de la piel del enfermo, levantarla cuanto podían y pasar un cuchillo de una a otra parte, dejándola sangrar un poco.
    • Los araucanos (Chile) empleaban para la anestesia las flores de la maya o Datura ferox, cuyo principio activo es la escopolamina acompañada de cantidades menores de hiosciamina y atropina. Es sorprendente que una medicación parecida (morfina y escopolamina) es usada hoy en día como premedicación parenteral en nuestros hospitales.
    • Los mayas (México) daban estramonio (que contiene diversos alcaloides del tipo de la atropina y de la escopolamina) a mujeres como “anestésico en el acto del parto, para paliar el dolor”. La cultura maya promulgaba el dolor como sinónimo de muerte: “Dicen que el dolor, es el hijo del aire y de la tierra, que son elementos indispensables para la vida, dicen que se viste con amplios ropajes blancos y emblade un puñal, y que se hermana con aquella que viste de negro y siempre lleva una guadaña. Parece, pues, que el dolor es el compañero inseparable de la muerte, la constatación y la prueba del sufrimiento último, que paradójicamente es el cese de todas las emociones”.

BIBLIOGRAFÍA

  1. J. Pérez-Cajaraville, D. Abejón, J. R. Ortiz y J. R. Pérez. et al. El dolor y su tratamiento a través de la historia. Rev. Soc. Esp. Dolor. 12: 373-384, 2005.
  2. El dolor en la historia. Rev. Soc. Esp. Dolor. 6: 261-262, 1999.

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