Todo sobre el dolor Para pacientes y profesionales de la salud

Publicado: 05 de abril de 2015 Última Revisión: 06 de mayo de 2017

¿Qué es el dolor oncológico?

El dolor en pacientes oncológicos se produce tanto por razones biológicas, como la localización y extensión del tumor por órganos, por afectación al sistema nervioso, o debido a sus tratamientos, como cirugía, radiación o quimioterapia.

El dolor es un síntoma muy frecuente en el paciente oncológico, apareciendo hasta en el 90% de los pacientes.1 En el momento del diagnóstico de un cáncer, entre el 30-50% de los pacientes presentan dolor, que en las fases avanzadas de la enfermedad puede llegar al 70-90%. En los pacientes con cáncer avanzado, el 70% de los dolores tienen su origen en la progresión de la propia enfermedad, mientras que el 30% restante se relaciona con los tratamientos y patologías asociadas.2

Las principales causas del dolor oncológico son: 1

  • La invasión tumoral (70%), por ejemplo, invasión de estructuras óseas, invasión de elementos vasculares o nerviosos, obstrucción intestinal o la infiltración de vísceras huecas.
  • Procedimientos diagnósticos y terapéuticos (20%), entre los que cabe mencionar las intervenciones quirúrgicas, los efectos secundarios propios de la quimioterapia (mucositis gastrointestinal y bucofaríngea, neurotoxicidad) y/o de la radioterapia (enteritis rádica, cistitis rádica, osteonecrosis rádica).
  • Síndromes inducidos por la neoplasia (<10%), como son los síndromes paraneoplásicos.
  • Otras causas extraoncológicas, como la artrosis, osteoporosis, cardiopatía isquémica, infarto de miocardio, etc…

En la mayoría de las ocasiones el dolor oncológico es crónico. Para una correcta valoración del dolor es conveniente conocer varias cuestiones, como su variación temporal (agudo, crónico), patogenia, intensidad... El dolor oncológico sigue unas normas de tratamiento especificadas según las pautas recomendadas por la OMS (Organización Mundial de la Salud).2 El tratamiento del dolor oncológico se basa en el uso de analgésicos y co-analgésicos según la escala analgésica de la OMS. Con dicha escala se puede obtener un buen control del dolor en cerca del 80% de los casos.2

El paciente oncológico puede manifestar un tipo de dolor agudo llamado dolor irruptivo. Se define como dolor irruptivo, cualquier exacerbación de dolor que presenta un paciente con un dolor de base que está controlado con tratamiento adecuado. El dolor puede ser espontáneo o estar desencadenado por los movimientos, esfuerzos o ciertas maniobras (defecación, tos, etc.). Si el dolor aparece sin una causa desencadenante clara, se denomina espontáneo. En los últimos años se ha definido una nueva categoría de dolor irruptivo, que anteriormente estaba incluida en el dolor espontáneo. La prevalencia de dolor irruptivo oscila entre el 52 y el 89% de los pacientes con dolor. Se considera dolor irruptivo a una exacerbación de dolor, de instauración rápida, menos de 3 minutos, de intensidad elevada y una duración entre 15 y 30 minutos. Es raro que un dolor irruptivo tenga una duración superior a 60 minutos.3

La medicina ofrece un abanico de tratamientos capaces de aliviar el dolor y evitar sufrimiento. Este conocimiento es esencial para aumentar la confianza en el tratamiento y mejorar la relación médico-paciente.3

Es posible tener cáncer sin dolor. Algunas enfermedades oncológicas son indoloras en sí mismas y sólo la aparición de complicaciones son causa de dolor, como también ocurre en otras enfermedades no relacionadas con el cáncer. Muchos tumores sólo producen dolor en las últimas fases de su desarrollo o en las últimas semanas de la enfermedad. El dolor producido por una neoplasia puede deberse a un efecto directo de la enfermedad o bien a los tratamientos empleados para curarla.3

Conocer mejor las causas y los factores que giran en torno al dolor oncológico, así como los tratamientos disponibles, puede ayudar a combatirlo de una forma más efectiva. Algunos de los aspectos básicos que se deben conocer son los siguientes:

El dolor oncológico se puede aliviar. Gracias a los tratamientos actualmente disponibles, el dolor oncológico se puede controlar en más del 95% de los casos.3

Muchas personas temen tomar opioides potentes por miedo a convertirse en "adictos". Sin embargo, muchos estudios han demostrado que los pacientes oncológicos que toman morfina u otros opioides para el dolor no se acostumbran a ellos ni desarrollan adicción. Es necesario tranquilizar a los pacientes, disipar estas dudas e insistir en que deben tomar la medicación para el dolor cuando realmente hace falta, sobre todo utilizar el medicamento adecuado cuando el dolor se presenta y no cuando la situación es insostenible y ya no puede aguantar más, desterrando el miedo a que el medicamento no haga efecto en el futuro por acostumbramiento. Hay que dar a conocer la escasa tolerancia que se desarrolla durante los tratamientos prolongados con opioides en otros cuadros de dolor crónico de muy larga evolución.3

Un buen control del dolor suele ser el resultado de un cuidadoso plan que tiene en cuenta las medicaciones que son efectivas y las que no, y que ajusta las dosis en función de las características de cada circunstancia y cada paciente. Pacientes y profesionales deben trabajar siempre unidos para lograr un buen plan analgésico, individualizado y que reúna un buen manejo profesional con una buena comunicación médico-paciente.2

El componente psicológico en el dolor oncológico es un factor relevante a tener en cuenta en su tratamiento. El dolor oncológico produce un gran impacto en la vida de los pacientes con cáncer, que se manifiesta por la disminución de su capacidad funcional y la aparición de síntomas físicos, afectivos y emocionales que alteran sustancialmente la calidad de vida. Como consecuencia de todo ello, se producen diversas alteraciones y manifestaciones clínicas, como la sensación de cansancio permanente, disminución de la capacidad de trabajo, percepción de minusvalía para desplazarse, falta de interés por el entorno y sentimientos de aislamiento del mundo, dando todo ello lugar a la pérdida de la interacción familiar y social.3

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. P. Khosravi Shahi, A. del Castillo Rueda, G. Pérez Manga. Manejo del dolor oncológico. An Med Interna (Madrid) 2007; 24: 554-557.
  2. F. Puebla Díaz. Tipos de dolor y escala terapéutica de la O.M.S. Dolor iatrogénico. Oncología, 2005; 28 (3):139-143.
  3. José Ramón González-Escalada, Alberto Camba, Ana Casas, Pere Gascón, Ismael Herruzo, Juan Manuel Núñez-Olarte, Alfredo Ramos-Aguerri, Jordi Trelis y Luis Miguel Torres. Código de buena práctica para el control del dolor oncológico. Med Paliat. 2011;18(2):63−79.

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