¿Qué están comiendo mis pacientes con dolor?

21 de febrero de 2023

La calidad de la nutrición tiene una relación directa, evidente, con el dolor: el exceso de peso “carga” el organismo y, por pura mecánica, puede provocar dolor en las articulaciones, pero también hay una relación entre los alimentos y el dolor más allá del peso corporal. En esa relación intervienen los sistemas nervioso e inmunológico, además del metabólico. Podemos aprovechar esos vínculos para recomendar formas de comer que permitan vivir mejor a los pacientes con dolor.

Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), la mala alimentación es “la primera causa de enfermedad en el mundo y el primer factor de riesgo modificable de enfermedad”.1

En el manejo del dolor crónico, la IASP recuerda que lo que se come puede influir en las funciones de los sistemas nervioso, inmunológico y endocrino “con consecuencias directas en la experiencia del dolor”.2,3

Mantener un peso saludable reduce la carga sobre las articulaciones, pero también la inflamación. El peso corporal tiene consecuencias directas en el riesgo o la severidad de diversas enfermedades crónicas (cardiovasculares, metabólicas y relacionadas con la salud mental) que muchas veces cursan con dolor crónico.



Alimentos contra el dolor y el malestar

La mala nutrición se asocia con un dolor más intenso en personas que padecen dolor crónico y, por el contrario, la intervención médica orientada a mejorar el estado nutricional consigue atenuar el dolor.4 Esto se debe a que el estado nutricional de una persona tiene mucho que ver con su movilidad, fuerza, su capacidad para llevar una vida independiente. Las dificultades en la movilidad y el dolor pueden generar una sensación de aislamiento y empujar a conductas alimentarias dañinas (ingesta por nerviosismo, entre otras). Las consecuencias del dolor en la calidad del sueño tienen a su vez efectos dañinos en cuanto a la gravedad de las enfermedades crónicas. 5

Una primera recomendación sería aconsejar a los pacientes consumir verduras, por sus efectos antioxidantes y anti-inflamatorios. Para pacientes con dificultades en las tareas diarias, puede sugerirse el empleo de verduras congeladas que sean de fácil preparación en guisos.6,7 También la fruta puede ser congelada.

Otra recomendación es consumir grasas de calidad, como omega-3 y aceite de oliva (en pescados como salmón y sardinas), al menos dos o tres veces por semana.8 Los alimentos serán el modo preferente de obtener estos nutrientes, ya que los suplementos pueden contener otros elementos y su consumo debe ser vigilado por el equipo médico, advierte la IASP.

Lo mismo puede decirse de las vitaminas y minerales, que habrá que incorporar a la dieta de forma equilibrada para promover un estado físico óptimo. Aumentar el consumo de fibra es una recomendación también basada en lo que sabemos sobre la importancia del microbioma y el control del peso y su relación con el dolor.9

¿QUÉ ESTÁN COMIENDO MIS PACIENTES CON DOLOR?


Dietas vegetarianas y mediterránea contra la inflamación

Aunque el estudio de la nutrición como estrategia para el control de dolor es un campo aún por explorar, paulatinamente se van acumulando evidencias de que la forma de comer puede reducir la inflamación sistémica y, con ello, el riesgo y la severidad del dolor que conllevan diversas enfermedades, en línea con las recomendaciones de la IASP.

Hay revisiones sistemáticas de la literatura científica que ofrecen nuevas herramientas contra el dolor desde la nutrición, empezando por fomentar una alimentación en la que abunden la fruta, la verdura, las grasas monosaturadas de cadena larga, los antioxidantes y la fibra.10

Se han publicado estudios en los que se ha observado que el dolor tiende a remitir en pacientes con dietas antiinflamatorias si se les compara con sujetos con patrones de alimentación normales. La diferencia se nota en la clínica.

Entre esas dietas se han analizado la vegetariana, la vegana y la mediterránea y sus beneficios en artritis reumatoide. No obstante, los estudios al respecto no han sido ciegos, de modo que se contempla la posibilidad de que en los resultados, recogidos en la percepción de los propios pacientes, haya cierta desviación.11

Cuando estamos ante un paciente obeso, solamente esta intervención ya ofrece beneficios que se pueden aprovechar en un plan de tratamiento al margen de la farmacología.12



No hay enemigo pequeño

Durante la reciente jornada mundial dedicada a la obesidad (4 de marzo) se ha hecho mucho hincapié en las complicaciones derivadas de esta enfermedad, pero el dolor no ha sido uno de los temas clave, a pesar de su enorme importancia en las consultas de Atención Primaria y el sistema sanitario en general.

En la búsqueda de la mejor nutrición para los pacientes con dolor, hay que recordar que los alimentos ultraprocesados son baratos, atractivos y accesibles y que, de hecho, ocupan más espacio que los frescos en los supermercados. Un paquete de galletas puede llegar a costar cinco veces menos que una bandeja de fresas. La labor de informar sobre los beneficios de una alimentación sana debe ser capaz de contrarrestar el atractivo de “comer mal”.

Javier Sánchez Perona, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), analiza la cuestión en su libro ‘Los alimentos ultraprocesados’.

“En la época en la que vivimos, con un alto grado de estrés, estos alimentos ofrecen una alternativa sencilla, que no requiere previsión, se puede conservar durante mucho tiempo en casa y no precisa habilidades culinarias”, ha dicho el investigador. Por ese mismo motivo las recomendaciones sobre nutrición deben prestar atención a las estrategias para que cocinar alimentos saludables sean también prácticas y sencillas.

Hay una cascada de llamativos colores y mensajes que llenan los envases de los alimentos de peor calidad. El autor aporta un dato sorprendente: “se ha estimado que el 50% del presupuesto de muchos de estos alimentos se destina al envasado, el 40% al ‘marketing’ y solo el 10% a los ingredientes”.

Este tipo de información ayudará a nuestros pacientes a tomar mejores decisiones en cuanto a qué comen y cómo les hará sentirse, sobre todo si viven con dolor.

Autores


  • Referencias

    1. GBD Collaborators. Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990-2017: A systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. The Lancet.

    2. Naylor R, Hayes C, Egger G. The relationship between lifestyle, metaflammation, and chronic pain: a systematic review. Am J Lifestyle Med 2013;7(2):130-137.

    3. Okifuji A, Hare BD. The association between chronic pain and obesity. J Pain Res 2015;8:399-408.

    4. Buesing S, Costa M, Schilling JM, Moeller-Bertram T. Vitamin B12 as a Treatment for Pain. Pain physician 2019;22(1):E45-e52.

    5. Somers TJ, Blumenthal JA. Effects of a Weight and Pain Management Program in Patients with Rheumatoid Arthritis with Obestity. JCR: Journal of Clinical Rheumatology 2022; 28 (1).

    6. Manach C, Scalbert A, Morand C, Rémésy C, Jiménez L. Polyphenols: food sources and bioavailability. Am J Clin Nutr 2004;79(5):727-747.

    7. Zhang H, Tsao R. Dietary polyphenols, oxidative stress and antioxidant and antiinflammatory effects. Current Opinion in Food Science 2016;8.

    8. Senftleber NK, Nielsen SM, Andersen JR, Bliddal H, Tarp S, Lauritzen L, Furst DE, SuarezAlmazor ME, Lyddiatt A, Christensen R. Marine Oil Supplements for Arthritis Pain: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Trials. Nutrients 2017;9(1):42.

    9. Rauck RL, Hong K-sJ, North J. Opioid-Induced Constipation Survey in Patients with Chronic Noncancer Pain. Pain Practice 2017;17(3):329-335.

    10. Brain K, Burrows TL. Diet and Chronic Non-Cancer Pain: The State of the Art and Future Directions. Clin. Med. 2021, 10 5203.

    11. Schönenberger KA, Schüpfer AC. Effect of Anti-Inflammatory Diets on Pain in Rheumatoid Arthritis: A Systematic Review and Meta-Analysis. Nutrients 2021, 13, 4221.

    12. Mendoça CR, Noll M. Reduction in Pain and Pain Intensity with Nonpharmacologial Treatment in Severely Obese Patients: A Randomized clinical Trial. Int. J. Environ. Res. Public Health 2021, 18, 11112.

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