Patología anorrectal benigna
La patología anorrectal benigna incluye una amplia variedad de condiciones de diferentes orígenes, tales como las hemorroides, fisuras anales, abscesos anorrectales, fístulas anales y la enfermedad pilonidal.1
Esta patología es muy común en la población general, afectando al 80% de las personas mayores de 50 años.1
Las hemorroides y las fisuras anales son las causas más frecuentes de sangrado rectal en consultas de atención primaria y son las patologías anorrectales benignas más habituales en nuestras consultas, por lo que requieren especial atención.1
Aproximadamente el 5% de la población presenta síntomas relacionados con las hemorroides, una cifra que aumenta con la edad, y se estima que alrededor del 50% de la población occidental experimentará síntomas hemorroidales en algún momento de su vida.
Fisura anal
Las fisuras anales son la causa más común de dolor anal y sangrado después de defecar. Se presentan como pequeñas laceraciones o ulceraciones de la piel, de menos de 1 cm, entre el orificio anal y la línea dentada.2
La incidencia es similar en ambos sexos y afecta principalmente a jóvenes y adultos de mediana edad, estimándose que medio millón de casos ocurren anualmente en Estados Unidos y Europa.2
Más del 85% de las fisuras anales se localizan en la región posterior de la línea media. Las fisuras en localizaciones atípicas requieren descartar enfermedades inflamatorias intestinales y otros diagnósticos.2
Los síntomas típicos incluyen dolor intenso durante o después de defecar, sangrado que mancha el papel higiénico y picazón. El dolor de las fisuras anales suele seguir un patrón en tres fases: dolor intenso durante la defecación, alivio breve y posterior dolor y ardor.2
Según su duración, las fisuras se clasifican en agudas o crónicas:
- Fisura anal aguda: Evolución corta, no más de 6-8 semanas, generalmente manejable con medidas higiénico-dietéticas.2
Fisura anal crónica: Evolución mayor a 6-8 semanas, con síntomas persistentes y presencia de una papila centinela o fibras del esfínter interno en la exploración.2
Hemorroides
Lo que comúnmente se conoce como hemorroides se refiere en realidad a la "enfermedad hemorroidal", que incluye un conjunto de síntomas y signos atribuibles a la alteración del tejido hemorroidal o de sus tejidos de soporte, principalmente en forma de dilatación o prolapso de las estructuras vasculares que acolchan el canal anal.1
La prevalencia de hemorroides es similar entre hombres y mujeres, aumentando con la edad. Es más frecuente en mujeres durante el embarazo y el parto, variando también con el ciclo menstrual.1
La patología hemorroidal se clasifica en dos tipos según su localización y forma de presentación:
- Hemorroides externas: Congestión del plexo hemorroidal externo, debajo de la línea dentada, cubiertas por epitelio escamoso y ricas en fibras sensitivas con drenaje en el sistema cava. Se observan como nódulos, asintomáticos o con ligero picor, dolorosos si se trombosan.1
- Hemorroides internas: Agrandamiento y descenso del plexo hemorroidal interno, por encima de la línea dentada, cubiertas por epitelio columnar con pocas fibras nerviosas sensitivas, indoloras y con drenaje al sistema porta. Los signos principales son sangrado indoloro y prolapso, a veces con picor y mucosidad debido a la irritación de la mucosa prolapsada, raramente manifestándose como trombosis.1

Conclusiones
- Las hemorroides y las fisuras anales son las principales causas de consulta por sangrado rectal en la atención primaria.1-2
- Es crucial conocer las diferencias de fisura anal y hemorroides, realizar una historia clínica completa y efectuar un examen físico para realizar un buen diagnóstico antes de cualquier intervención.1
- En la enfermedad hemorroidal, el síntoma más común es la rectorragia, mientras que un dolor intenso puede indicar una complicación como la trombosis hemorroidal.1
- La mayoría de las hemorroides se resuelven con tratamiento conservador mediante medidas higiénico-dietéticas.1
