Este cuestionario se emplea principalmente en personas que podrían recibir tratamiento con morfina u otros analgésicos opioides. Al igual que ocurre con los análisis de detección de sustancias, sus resultados son orientativos cuando se realiza de forma autónoma1.
Los opioides son medicamentos muy potentes para el alivio del dolor, sin embargo, su uso continuado puede generar dependencia, entre otros síntomas. Los opioides sólo deben utilizarse cuando se prevea que los beneficios para el dolor y la funcionalidad superan a los riesgos2, debiendo evaluar las variables de cada paciente que pueden afectar a la dosis de opioides antes de su uso3.
Por tanto, es fundamental seleccionar cuidadosamente a los pacientes, evaluar los factores de riesgo de abuso, y llevar a cabo una monitorización regular para asegurar que los opioides se utilizan de forma apropiada y alineada con los objetivos de tratamiento (intensidad de dolor y funcionalidad) acordados con el paciente4,5 .
También existen escalas diseñadas para valorar el Síndrome de Abstinencia a Opioides (SAO), como la prueba de abstinencia a opioides (COWS). Este instrumento permite medir la intensidad de la dependencia a sustancias como la heroína y debe ser administrado por un profesional sanitario1.
Factores de riesgo para la adicción a opioides
El test de riesgo de adicción a opioides (ORT) analiza diversos elementos que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar dependencia, como los antecedentes familiares de consumo problemático de alcohol o drogas, la edad, la historia de abuso sexual y la presencia de trastornos como hiperactividad, depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia o trastorno obsesivo compulsivo (TOC)1.
La fuerte influencia genética en la adicción a medicamentos con receta explica por qué los antecedentes personales y familiares tienen un papel tan relevante en la puntuación final del test. El consumo previo de drogas ilegales también se considera un indicador de riesgo para desarrollar dependencia a los opioides, junto con el abuso de alcohol1.
Asimismo, se reconoce que las mujeres que sufrieron abusos sexuales durante la adolescencia presentan mayor vulnerabilidad a trastornos psicológicos y conductas adictivas. Estos episodios pueden desencadenar trastorno de estrés postraumático (PTSD), lo que incrementa la probabilidad de desarrollar adicción a sustancias1.


