Las mujeres presentan más dolor crónico y una mayor sensibilidad al dolor que los hombres en muchas situaciones. Descubre qué factores biológicos, hormonales y sociales explican estas diferencias.
¿Por qué se han estudiado menos estas diferencias?
Durante años, gran parte de la investigación biomédica se realizó principalmente en hombres. Esto ha podido limitar el conocimiento sobre cómo determinadas enfermedades y tratamientos afectan específicamente a las mujeres. En los últimos años se ha dado mayor importancia a incluir el sexo como variable biológica para comprender mejor estas diferencias.
¿Qué sabemos hoy sobre las diferencias entre mujeres y hombres en la experiencia del dolor?
Durante años se pensó que hombres y mujeres experimentaban el dolor de forma similar. Sin embargo, las investigaciones más recientes, como esta reciente publicación de la Revista de la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor SEMDOR, muestran que existen diferencias reales tanto en la forma en que el organismo procesa el dolor como en cómo este es percibido y tratado por la sociedad y los sistemas sanitarios.
La evidencia científica indica que las mujeres presentan una mayor prevalencia de muchos trastornos dolorosos, muestran más sensibilidad ante determinados estímulos dolorosos y tienen un mayor riesgo de desarrollar dolor crónico en algunas enfermedades. Sin embargo, esto no significa que sean más "débiles" o más vulnerables al dolor, sino que intervienen múltiples factores biológicos, hormonales, inmunológicos y sociales.
Principales conclusiones de la revisión
Las mujeres sufren más dolor crónico en muchas enfermedades
Diversos estudios muestran que, de media, las mujeres presentan una mayor prevalencia de enfermedades asociadas al dolor, como:
- Fibromialgia.
- Migraña.
- Dolor musculoesquelético.
- Algunas enfermedades reumáticas.
- Dolor pélvico crónico.
Además, suelen describir una mayor intensidad del dolor y una duración más prolongada de los síntomas en comparación con los hombres.
Las hormonas influyen en cómo sentimos el dolor
Las hormonas pueden modular la experiencia del dolor, pero sus efectos son complejos y dependen del contexto, del tejido y de la etapa fisiológica.
Los cambios hormonales que se producen durante el ciclo menstrual, el embarazo o la menopausia pueden modificar la percepción del dolor y explicar por qué algunas mujeres notan variaciones en sus síntomas a lo largo de diferentes etapas de la vida.
Los estrógenos, la progesterona y la testosterona participan en mecanismos que regulan la inflamación, la transmisión de señales dolorosas y la respuesta de los nervios al daño o la lesión.
Los nervios del dolor pueden funcionar de forma diferente según el sexo
Uno de los descubrimientos más interesantes de los últimos años es que determinadas células nerviosas encargadas de detectar el dolor parecen responder de forma diferente en mujeres y hombres.
Algunas sustancias, como la prolactina, aumentan especialmente la sensibilidad al dolor en mujeres, mientras que otras vías biológicas parecen tener más relevancia en hombres.
Este hallazgo ayuda a comprender por qué algunos tratamientos funcionan mejor en unas personas que en otras y abre la puerta a terapias más personalizadas en el futuro.
El sistema inmunitario también tiene un papel importante
En modelos experimentales se han observado diferencias en las vías inmunitarias implicadas en la modulación del dolor según el sexo.
El dolor persistente no depende únicamente de los nervios. El sistema inmunitario participa activamente en la aparición y mantenimiento del dolor crónico.
La investigación sugiere que mujeres y hombres utilizan mecanismos inmunitarios parcialmente diferentes para desarrollar hipersensibilidad al dolor, lo que podría explicar algunas diferencias observadas en determinadas enfermedades dolorosas.
La transición menopáusica y los cambios hormonales asociados pueden relacionarse con un aumento del dolor musculoesquelético, la rigidez y otros cambios funcionales
La disminución de estrógenos durante la menopausia puede favorecer la aparición de:
- Dolor articular.
- Rigidez muscular.
- Pérdida de fuerza.
- Empeoramiento de la artrosis.
- Otros síntomas musculoesqueléticos.
Por este motivo, muchas mujeres experimentan cambios en su bienestar físico durante esta etapa de la vida, siendo importante consultar con profesionales sanitarios cuando el dolor afecta a la calidad de vida.
El dolor de las mujeres ha sido históricamente infravalorado
La revisión destaca también un aspecto social importante: durante siglos, los síntomas dolorosos de las mujeres fueron interpretados con frecuencia como exageraciones emocionales o problemas psicológicos.
Aunque la situación ha mejorado, diferentes investigaciones siguen mostrando que las mujeres pueden experimentar retrasos diagnósticos, menor reconocimiento de sus síntomas o dificultades para recibir determinados tratamientos.

¿Qué significa todo esto para las personas que viven con dolor?
La principal conclusión es que el dolor no se experimenta exactamente igual en todas las personas.
La edad, el sexo biológico, las hormonas, el sistema inmunitario y las circunstancias sociales pueden influir en cómo aparece, evoluciona y se trata el dolor. Por ello, comprender mejor estas diferencias podría contribuir al desarrollo futuro de estrategias de evaluación y tratamiento más individualizadas.
