En las últimas dos décadas, el interés en el microbioma y su efecto en la salud ha aumentado de manera exponencial1. Cuando hablamos de los microorganismos que conviven dentro de nuestro organismo, usamos indistintamente los términos microbiota y microbioma. Sin embargo, aunque están relacionados, no son sinónimos2.
La microbiota hace referencia a la comunidad de microorganismos que habitan en un organismo multicelular, incluyendo bacterias, hongos, virus, protozoos y arqueas2,3. El microbioma es un término más amplio que engloba la microbiota, ya que se define como los diferentes ecosistemas de microorganismos que pueblan nuestro organismo, incluyendo no solo los microorganismos, sino su entorno y los productos que generan2,3. El microbioma puede influir de manera considerable en nuestra fisiología4.
Cuando estos ecosistemas se encuentran alterados, se conoce como disbiosis, produciéndose un desequilibrio en la composición del microbioma. Este estado de disbiosis se ha vinculado con múltiples enfermedades, entre ellas algunas que presentan síntomas sensoriales, incluyendo el dolor1.
¿Cómo influye el microbioma en la percepción del dolor?
El microbioma, especialmente el del intestino, influye en la percepción del dolor a través diferentes mecanismos complejos e interconectados5–7:
- Eje microbiota-cerebro: el microbioma intestinal se comunica de manera bidireccional con el cerebro a través del eje microbiota-cerebro5,7,8. Este eje involucra vías neuronales, neurotransmisores y metabolitos microbianos, así como los sistemas neuroinmune y neuroendocrino8. Las alteraciones en el microbioma pueden perturbar esta comunicación, afectando a la forma en la que se procesa el dolor5,6.
- Inflamación: la disbiosis puede promover la inflamación, tanto local (en el intestino) como sistémica4,6,9. Esta inflamación crónica de bajo grado se considera un factor importante en el desarrollo del dolor crónico9. La disbiosis también puede causar un aumento en la permeabilidad intestinal, permitiendo que sustancias proinflamatorias entren en el torrente sanguíneo, afectando a otros órganos4,6.
- Metabolitos microbianos: el microbioma produce metabolitos, como los ácidos grasos de cadena corta (SCFAs, por sus siglas en inglés), que pueden tener efectos tanto proinflamatorios como antiinflamatorios6,8. Así, una reducción en las especies microbianas productoras de SCFAs antiinflamatorios puede contribuir a la desregulación del sistema inmunológico. Además, estos metabolitos también pueden influir indirectamente en la actividad cerebral al alterar la síntesis de neurotransmisores como la serotonina, el glutamato y el GABA6.
- Activación neuroinmune: el microbioma puede influir en la activación del sistema neuroinmune, pudiendo desembocar en dolor neuropático6. Las bacterias pueden activar directamente los nociceptores1 o estimular la liberación de citoquinas inflamatorias2.
- Sensibilización central: la microbiota puede regular la sensibilización central, un proceso que aumenta la sensibilidad al dolor. La disbiosis se ha asociado con un aumento en la activación de las células gliales, como la microglía y los astrocitos en el cerebro y la médula espinal. Estas células desempeñan un papel importante en la iniciación y el mantenimiento del dolor8.

Terapias actuales basadas en la modulación del microbioma
La modulación del microbioma se presenta como una estrategia prometedora para el manejo del dolor, con buenos resultados en modelos preclínicos y algunos estudios clínicos1,6,7,10. Estas estrategias buscan restaurar un equilibrio saludable en la composición y función de la microbiota intestinal, con posibles efectos beneficiosos en el tratamiento del dolor neuropático, la endometriosis y otras condiciones relacionadas6,10. Estas estrategias incluyen el uso de probióticos, trasplantes de microbiota fecal (TMF), intervenciones dietéticas y suplementos7,10.
Probióticos
Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped2,10,11. La administración de probióticos es una de las manipulaciones del microbioma más estudiadas en relación con el dolor1.
Se ha demostrado que ciertas cepas de probióticos, como Lactobacillus y Bifidobacterium, tienen efectos beneficiosos en la modulación del dolor, la reducción de la inflamación y la mejora de la función de la barrera intestinal1,11–13. La modulación del dolor por parte de los probióticos se produce a través de diversos mecanismos que involucran la interacción entre la microbiota intestinal y el sistema nervioso, así como la modulación de la respuesta inflamatoria7,14:
- Modulación de la señalización del dolor: algunos probióticos pueden interactuar directamente con los nociceptores, las neuronas sensoriales responsables de la detección y transmisión de señales de dolor. Esta interacción puede resultar directamente en una reducción de la intensidad de las señales de dolor15.
- Reducción de la inflamación: los probióticos también pueden reducir la respuesta inflamatoria, tanto a nivel local (en el intestino) como a nivel sistémico1,10,16. Esto se logra mediante la modulación de la producción de citoquinas, ya que los probióticos pueden aumentar las citoquinas antiinflamatorias y disminuir las proinflamatorias10,16. La inflamación crónica juega un papel importante en muchos tipos de dolor, como el dolor visceral, neuropático e inflamatorio, por lo que esta vía tiene efectos muy beneficiosos5,10,16.
- Mejora de la función de la barrera intestinal: la disbiosis intestinal puede llevar a un aumento de la permeabilidad de la barrera intestinal, lo que se conoce como “intestino permeable”. Esta condición permite que sustancias proinflamatorias y patógenos pasen al torrente sanguíneo, contribuyendo a la inflamación y el dolor8,10,16. De esta manera, los probióticos pueden fortalecer la barrera intestinal, reduciendo su permeabilidad y previniendo la entrada de sustancias nocivas al cuerpo, ayudando a disminuir la inflamación y el dolor asociado16.
- Modulación del eje intestino-cerebro: los probióticos pueden influir en la actividad cerebral y la transmisión neuronal, afectando a la modulación del dolor. El eje intestino-cerebro es una vía de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central y el sistema gastrointestinal. La microbiota intestinal juega un papel muy importante en esta comunicación5,6,13,16.
Trasplante de microbiota fecal (TMF)
El trasplante de microbiota fecal (TMF) consiste en transferir material fecal de un donante sano, que contendrá una mezcla de microorganismos beneficiosos, al tracto gastrointestinal de un paciente con sospecha de disbiosis10. El objetivo de este procedimiento es introducir una comunidad beneficiosa de microorganismos, con el fin de restaurar la microbiota intestinal del paciente. Se suele llevar a cabo en aquellos casos en los que se ha visto alterada por infecciones, tratamientos con antibióticos o ciertas condiciones médicas10.
El TMF puede restaurar la composición de la microbiota intestinal, la función de la barrera intestinal y estimular el sistema inmune, lo que puede aliviar el dolor visceral relacionado con trastornos gastrointestinales16. Además, puede reducir la inflamación, contribuyendo a disminuir la producción de citoquinas proinflamatorias y aumentar las antiinflamatorias10.
La diversidad microbiana de las heces del donante resulta crucial para el éxito del procedimiento, por lo que es importante identificar “superdonantes”. Además, hay que tener en cuenta que puede ser necesario repetir el trasplante, para lograr una colonización exitosa, especialmente en entornos inflamatorios17.
Se trata de un procedimiento novedoso y con pocos estudios clínicos, por lo que se necesita más investigación al respecto7. Además, aunque se considera seguro a corto plazo, los estudios de seguimiento a largo plazo aún están en curso. Es rara la aparición de efectos adversos severos, relacionados normalmente con la transmisión de bacterias resistentes a antibióticos2.
Dieta
Las elecciones dietéticas pueden influir significativamente en la composición y función de la microbiota intestinal, afectando a su vez a la sensibilidad al dolor10. Un componente crucial en la dieta para una buena microbiota es la fibra. El contenido de fibra en la dieta influye en la abundancia y diversidad de microorganismos en el intestino10. Una dieta rica en fibra soluble puede promover un microbioma rico en especies productoras de butirato, lo que se ha relacionado con la disminución de la inflamación y la ansiedad6.
Por otro lado, las dietas altas en grasas o de estilo occidental pueden provocar disbiosis, y se han asociado con un aumento de la sensibilidad al dolor1,2. Además, la dieta influye en la producción de los metabolitos bacterianos, como los ácidos grasos de cadena corta (SCFAs). Una dieta baja en FODMAP (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables) puede reducir la producción de ciertos SCFAs en el intestino y la hipersensibilidad abdominal6,10.
Suplementos
Además de los probióticos, se han estudiado otros suplementos que pueden ayudar a modular la microbiota. Uno de ellos son los prebióticos, sustancias no digeribles que promueven el crecimiento y la actividad de bacterias beneficiosas en el intestino. Algunos prebióticos, como la fibra soluble, pueden aumentar la producción de SCFAs con efectos antiinflamatorios y analgésicos10,17.
También juegan un papel importante los ácidos grasos omega-3, que han demostrado tener efectos antiinflamatorios y analgésicos. Se han utilizado para reducir el dolor asociado a la endometriosis6.
Por otro lado, la suplementación con vitamina D puede alterar la microbiota intestinal y mejorar el dolor neuropático. La deficiencia de esta vitamina se ha relacionado con una menor diversidad microbiana y una mayor excitabilidad neuronal10,14,16,17.
Conclusión
A lo largo de las últimas décadas han aumentado de manera exponencial los estudios sobre el microbioma y sus efectos sobre la salud. La microbiota y los metabolitos que genera pueden influir en la sensación de dolor a través de diferentes mecanismos, ya sea interactuando de manera directa con los nociceptores, a través del eje intestino-cerebro, regulando la respuesta inflamatoria o influyendo en la permeabilidad de la barrera intestinal.
Una alteración del delicado equilibrio en el que conviven estos microorganismos se conoce como disbiosis, y puede aumentar la sensibilidad al dolor de manera directa, así como aumentar la inflamación, causando dolor.
Dado el papel cada vez más representativo de la microbiota en nuestra salud, están surgiendo nuevas terapias centradas en su modulación. La más destacable es la suplementación con probióticos, que son microorganismos vivos que ayudan a reequilibrar el microbioma. En casos más severos, se puede recurrir al trasplante de microbiota fecal, que contiene poblaciones microbianas de donantes sanos para colonizar el intestino de pacientes con disbiosis.
Además, para mantener y recuperar una microbiota saludable, es crucial llevar una dieta equilibrada, destacando la importancia del consumo de fibra, así como la reducción de grasas y oligosacáridos fermentables. Por último, se han visto efectos beneficiosos de la suplementación con vitamina D y ácidos grasos omega-3.
Autores
- Cayetano Naranjo; Biólogo Molecular y divulgador científico
